lunes, 22 de agosto de 2011

Somebody find me somebody to love


<<Porque Bender sabe lo que es el amor, ¡y el amor no se comparte con todo el mundo! Amar es desconfiar, amar es temer, amar es exigir, amar es codiciar. ¡Amigos míos, no existen los grandes amores sin que haya grandes celos!>> Bender "Bending" Rodríguez
Gracioso que una frase tan buena como esta salga de una serie satírica como es Futurama.
No sé, me ha hecho pensar sobre qué es y que no es el amor de verdad. Porque a estas alturas de la vida estás un poco harta de las relaciones idílicas que muchos dicen tener y las frases empalagosas cargadas de nada que se mandan personas que a los tres, seis, nueve meses estarán cagándose en todos los muertos del otro.
Además, por otra parte, hace escasas horas que uno de mis mejores amigos me ha confesado que acababa de perder la virginidad y otra amiga me comentaba que, como no me diera prisa, iba a acabar sola a los cuarenta (vale que era más coña que otra cosa, pero me dejó tocada de todas formas). Tengo esa sensación en el cuerpo de que todo a mi alrededor pasa a kilómetros por hora y yo voy a paso de caracol, no tengo tiempo de hacerme a la idea de en qué situación estoy y por qué.
¿Joder, es que soy yo? ¿Soy una especie de autista? ¿Le doy miedo a alguien? ¿Echo para atrás (tanto)?
"¿Y qué, cómo van los novios?" Os juro que a veces me dan ganas de sonreír con cara de trollface y decirles "¿Y a tu madre su trabajo de ramera?" Dios...
En serio, a los casi 20 años ya la frase "mejor sola que mal acompañada" pierde todo su significado, porque tengo un jodido miedo a la soledad que nadie creo que comprenda, y, no, no me apetece estar SOLA. Y no es que me sienta sola, no, sé que tengo a mis amigos y a mi familia y blablabla, estoy hablando de estar sola en ese sentido en concreto, en no conocer lo que es que alguien te diga "te quiero" y que tú le respondas con lo mismo porque de verdad lo sientes y ese tipo de chorradas.
Bueno... antes de irme dejo aquí esto que escribí no hace mucho...
<<Quiero un amor verdadero. No ese amor que Hollywood nos vende, donde todos son rosas y satén; donde no hay riñas ni disputas, sólo palabras empalagosas y gestos mimosos a todas horas; donde eres pareja de aquel guapísimo chico que pensabas que no te hacía caso, si bien estaba colado por tí desde su niñez.
No, no es eso lo que necesito. Mi amor tiene pétalos y espinas; momentos de odio, de necesidad, de cariño, de no querer verte la cara y de, cinco minutos más tarde, desear quitarte la ropa sin importarme dónde estemos; personas imperfectas aprendiendo cada día a aguantarse la una a la otra, a aprender a convivir y a soportarse incluso cuando los malos tiempos acechan los tejados.
Quiero a alguien que sepa enfrentarse a mí para decirme que me equivoco, que me haga tanto daño que desee llorar, pero que luego vuelva a casa, y, como si nada hubiera pasado, me diga cuantísimo me necesita para seguir adelante.
Quiero a alguien que me mire y, sin preámbulos me diga que me quiere, igual que podría haber dicho que el día es soleado, porque realmente sea una afirmación para él, porque realmente lo sienta y no sea un mero compromiso de pareja.
Quiero un pecho en el que poder sollozar, al que poder abrazarme y donde poder clavar las uñas.
Quiero unos ojos que sepan leer los míos como si fueran un libro, para que yo no tenga que mediar palabra para que él sepa si soy feliz o no.
Quiero unas manos que se enreden en las mías cuando las cosas vayan mal, para así no olvidar que cuando la vida es gris tengo una persona a mi lado con la que compartir mi dolor.
Quiero una sonrisa que me despierte por las mañanas y me despida por las noches antes de ir a dormir.
Quiero un amor verdadero. No ese amor que Hollywood nos vende, sino un amor donde una persona imperfecta coge la mano a otra persona imperfecta y juntas ponen un poco de luz a este mundo en blanco y negro con una tenue sonrisa, sabiendo que, al menos, tendrán un puente donde resguardarse cuando las aguas se vuelven turbulentas.>>

Amor Gay, por Arturo Pérez-Reverte



"Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia. Los encuentras caminado por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo. No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado. Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios.

Pensaba en todo eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos, apoyado discretamente un hombro en el del compañero, en un intento de darse calor. Iban quietos y callados, mirando el agua verdegris y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barco hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los ví cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia.

Parecían felices. Dos tipos con suerte, pensé. Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo del vaporetto que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa. Largas adoslescencias dando vueltas por los parques o los cines para descubrir el sexo, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del Instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos de asco y de soledad.

La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos, o una hermosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara. Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos Danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha. Salvo que alguno -muchos- lo tenga mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la sordidez del urinario público.

A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de los chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura.

Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo. Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus correspondientes deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo puramente humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo. Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno contra el otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuantos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella fría tarde de sus vidas."

Arturo Pérez-Reverte

lunes, 14 de febrero de 2011

¡Feliz San Valentín!




Llaman a San Valentín el día del amor. Sin embargo, pocas personas entienden lo que es el amor. El verdadero amor, ese que casi nunca se expresa con palabras, ese que tantos creen tener y del que tan pocos gozan. Hoy hay miles de millones de parejas dándose besitos y compartiendo regalos entre besitos y te quieros, tal vez sintiendo lástima de aquellos que no están en su situación. Ese resto, por su parte, u odia la felicidad empalagosa de este día, o siente una tremenda indiferencia ante el día, o, como en mi caso, lo aprovecha para replantearse el significado del amor.
La gente cree que el amor es un sentimiento relegado a dos personas, una especie de necesidad de estar con una cierta persona y de manifestarlo las veinticuatro horas del día. ¡Qué equivocados están! Eso no es amor. El amor es algo mucho más profundo, mucho más inexplicable y global. Amor es sentirte a gusto al lado de una persona, sentir que da igual cuántas horas, días, meses, años pases a su lado, porque seguirá siendo especial por ser quién es. Amor es demostrar aprecio, comprensión y apoyo, y ser devuelto lo mismo. Amor es cogerle la mano a alguien, mirarle a los ojos y decirle que estás a su lado, que en la tormenta tendrá un lugar donde agarrarse. Amor es seguir sorprendiéndote día a día con la manera de ser de alguien, mantener fresca siempre la imocente primera vez. Amor es contrar tres virtudes por cada defecto de una persona, y valorar más los buenos ratos que los malos, e incluso ser capaz de ver lo bueno de entre lo peor. El amor no son ni los besos, ni las caricias, ni los achuchones, sino las sonrisas, las miradas que no ocultan nada y las manos sujetas con fuerza,
Eso es lo que es el verdadero amor. La capacidad de querer a una persona por ser tan especial y única, y jamás olvidar lo que debes a alguien por hacerte feliz.
Sé que este San Valentín no habrá ramos de rosas para mí, ni cajas de bombones en forma de corazón, ni sonatas bajo mi ventana. Sin embargo, yo disfruto de este día casi tanto más que las personas que acaban con los brazos llenos de regalos. Porque hoy yo me replanteo lo que es el amor, y me doy cuenta de la cantidad de gente que me quiere por quién soy, por cómo soy, por lo que soy. Me doy cuenta de la cantidad de gente que, simplemente, me hace feliz, me hace sonreír, me hace vivir. Y me doy cuenta de que, tanto hoy como ayer y mañana, gozo del amor que mis amigos y mi familia me brindan. Y soy la chica más feliz del planeta Tierra.
Es muy complicado devolver todo eso. Lo intento día a día, pero, para demostraros que sé agradecerlo, estos 14 de febrero dedico unas horas a regalaros algo, que nunca es nada importante ni caro ni ostentoso (de hecho, es más bien poco y chunío xD), pero quiero que sepáis me acuerdo un poco de cada uno de vosotros en el regalo, de lo mucho que os tengo que dar a cambio. Este año, como el pasado, ha sido un dibujo... Así que espero que os guste a todos y que sepáis que seguro que al menos una persona se acordó de vosotros en esta fecha.
Gracias por vuestro amor, y feliz San Valentín.
Os quiero :)



lunes, 27 de diciembre de 2010

It's Christmas Time!

Contando con que este pasado fin de semana he estado en mi pueblo, y, por tanto, sin internet alguno, sí, no he tenido otro momento para subir esto. Y me diréis, haberlo puesto antes... Y yo cambiaré de tema para no daros la razón XD

Anyway, quería desearos a todos una muy feliz Navidad y Año Nuevo, que Santa Claus os haya sido propicio con los regalos y que os lo paséis genial estos días.

Besitos rockeros!





<<It's hard, but when you're having fun, there's a world outside your window, and it's a world of dreaded fear , where the only water flowing is a bitter sting of tears. And the christmas bells that ring there are the clanging chimes of doom. Well tonight thank God it's them instead of you>> 



<<When you’re still waiting for the snow to fall doesn’t really feel like Christmas at all [...] Those Christmas lights light up the street down where the sea and city meet may all your troubles soon be gone. Oh Christmas lights keep shining on>>



<<I don't have anyone at home to talk to and you don't have anything to do, so I'll spend my Christmas with you>>